Boletin de SOMETCUBA Volumen  9  Número 1 Diciembre  2003
Sociedad Meteorológica de Cuba
ArtículoPortadaPortada

VERIFICACIÓN DEL PRONÓSTICO DE LA ACTIVIDAD CICLÓNICA EN EL ATLÁNTICO NORTE PARA EL 2003.

 

por Maritza Ballester Pérez Instituto de Meteorología, CITMA
Cecilia Gonzales Pedroso
y
Ramón Pérez Suarez

Los pronósticos para el 2003 calificaban de activa a la temporada ciclónica en la región del Caribe y normal para el resto de la cuenca atlántica. Estos pronósticos se hicieron sobre la base de un nuevo método de carácter estadístico (Ballester et al, 2003a), el cual toma en cuenta el comportamiento de las condiciones oceánicas - atmosféricas fundamentales que regulan la actividad ciclónica en la cuenca atlántica.

En esta temporada se asumió que el episodio cálido en las aguas del Pacífico Ecuatorial Oriental se debilitaría hacia valores normales a ligeramente fríos. Esa tendencia indicaba que la circulación troposférica superior (10 - 12 kilómetros de altura) sería una condición propicia para el desarrollo y la intensificación de los ciclones tropicales.

Los valores normales presentados por la temperatura del mar en gran parte de la franja tropical del Atlántico Norte durante el período enero – marzo, indicaban que este sería un factor neutro para la actividad ciclónica de la cuenca atlántica en general. En el Atlántico tropical en el mes de abril la circulación atmosférica en la troposfera baja (hasta 1.5 kilómetros de altura) mantuvo un comportamiento cercano a lo normal, lo que también sugería un comportamiento medio. La fase Este de la Oscilación Cuasi – Bienal del viento estratosférico ecuatorial a alturas de 21 – 24 kilómetros era la condición desfavorable para la actividad ciclónica en esta temporada. En el Caribe, además de la ausencia de un evento ENOS (El Niño / Oscilación del Sur), favorecería el calentamiento de su superficie marina.

En general, la circulación superficial en el Atlántico tropical presentaba condiciones de neutras a favorables para la actividad ciclónica, pero en el área del Africa Noroccidental éstas se tornaban algo desfavorables, compensándose las ecuaciones donde ellas intervienen. Condiciones neutras también se presentaron en la circulación de latitudes medias y en las aguas del Atlántico tropical.

El comportamiento de los pronósticos de la actividad ciclónica emitidos el 2 de mayo (Ballester et al. 2003b) para la región atlántica se muestra en la Tabla 1. El análisis se realiza por medio de la comparación entre los valores pronosticados (P) y reales (R) de las variables, que se consideran en el método de pronóstico estacional diseñado por Ballester et al. (2003a). También se comparan las desviaciones normalizadas de estos valores (DP y DR, respectivamente), tomando en cuenta los promedios para el período 1965 – 2002. Como norma se toman los valores de las desviaciones oscilando entre ±0.5. Para calificar el comportamiento de la temporada, así como el comienzo y final de ésta se consideró la clasificación presentada en la descripción del método antes mencionado.

Las variables pronosticadas fueron:

CT ‑ cantidad de ciclones tropicales (tormentas tropicales más huracanes).

H ‑ cantidad de huracanes.

PDH- potencial destructivo de los huracanes.

At ‑ cantidad de ciclones tropicales a formarse sobre el área oceánica.

Car- cantidad de ciclones a desarrollarse en el Mar Caribe.

GM – cantidad de ciclones a desarrollarse en el Golfo de México.

Fin - día en que se disipa el último ciclón.

El potencial destructivo de los huracanes, que es una medida del potencial del huracán para la destrucción por viento y surgencia (Gray, 1988), no se presentó de forma explícita en las emisiones de los pronósticos. La predicción del día en que se disipa el último ciclón (Fin) tampoco se expresó en los pronósticos emitidos. Este último predictando se tiene en cuenta en la confección del pronóstico para Cuba. Se debe señalar, que el método de predicción también incluye a la variable Com (día en que se debe desarrollar la primera tormenta tropical). En esta temporada no se consideró este pronóstico, ya que comenzó temprano al formarse Ana en abril, siendo ésta la primera vez que se desarrolla una tormenta tropical en ese mes desde 1851.

Para el análisis de los ciclones tropicales se consultaron las informaciones de los Avisos y Reportes de los Ciclones Tropicales (http://www.nhc.noaa.gov) confeccionados por el Centro Nacional de Huracanes de los Estados Unidos, además de las imágenes del satélite geoestacionario GOES-12 y de las observaciones de los aviones de reconocimiento. Como fuente de información para analizar las condiciones medias, tanto atmosféricas como oceánicas, se utilizó la información brindada por el Centro de Diagnóstico del Clima de los Estados Unidos (extraída de http://www.cdc.noaa.gov/).

En la Tabla 1 se puede apreciar que se pronosticaba una actividad ciclónica para el área atlántica normal en general, con tendencia a lo activo y fue activa. Para las regiones oceánicas y del Caribe los pronósticos fueron acertados, pero para el Golfo de México se tienen las mayores desviaciones con respecto a lo real. La predicción sobre la cantidad de huracanes fue también aceptable, sin embargo el potencial destructivo de ellos se subestimó. El alto valor del PDH fue fuertemente influenciado por los dos huracanes más intensos Fabián e Isabel de Categoría 4 y 5 respectivamente, los cuales aportaron aproximadamente el 80% de la cifra reflejada en la Tabla 1.

En el caso del día de disipación del último organismo se pronosticó un final enmarcado dentro de la norma y en la realidad fue tardío, con el desarrollo de dos tormentas tropicales (Odette y Peter) en diciembre, hecho que no ocurría desde 1887.

Tabla 1. Comportamiento de los pronósticos de la actividad ciclónica para 2003 en el Atlántico Norte emitidos el 2 de mayo.

Variables

P

R

DP

DR

CT

11

16

0.4

1.8

H

6

7

0.1

0.5

PDH(104KT2)

71

131

0.2

1.5

At

8

8

0.5

0.5

Car

2

3

0.7

1.5

GM

1

5

-0.5

2.1

Fin *

305

345

0

1.7

* Se expresa en días julianos.

En el Golfo de México se desarrollaron cuatro ciclones más de lo pronosticado, para un total de cinco que fueron Bill, Erika, Grace, Henri y Larry. En el Caribe la tendencia activa esperada se sobrecumplió, por lo que se puede considerar a esta predicción como aceptable. Aquí se nombraron a Claudette, Mindy y a Odette.

En el Océano Atlántico se desarrollaron Ana, Danny, Fabián, Isabel, Juan, Kate, Nicholas y Peter, para un total de ocho ciclones tropicales. En esta área se esperaba que el comportamiento de la actividad ciclónica fuera de normal a activo y éste resultó así.

Las predicciones de los huracanes para el Caribe y Cuba se hicieron sobre la base de condiciones neutras a ligeramente frías a predominar en las aguas del Pacífico Ecuatorial durante la temporada y al valor medio calculado de la temperatura superficial en el área caribeña en los meses de enero a marzo (27 ºC) del año 2003, el cual resultó ser superior al promedio.

En el pronóstico probabilístico del Caribe se obtuvo la probabilidad del 67% (40%) para que se originara y desarrollara un huracán en el área. En cuanto a la probabilidad de entrada al área de al menos un ciclón tropical, ésta resultó ser del 85% y del 62% (49%) la de huracanes transitando por ella. Estos dos últimos pronósticos tratados en término de cantidades dieron como resultado 1.7 para el caso de los ciclones tropicales y 0.9 para los huracanes. Las probabilidades de afectación por huracanes superaban a las climatológicas reflejadas entre paréntesis, considerándose también al respecto una temporada activa.

En cuanto al origen e intensificación de un huracán en el área, el pronóstico se cumplió con la presencia de Claudette en julio. No obstante, se esperaba un octubre o noviembre activo, lo que no ocurrió debido a la falta de irrupción de una masa de aire frío en la troposfera superior que inestabilizara el área. Estas condiciones comenzaron a presentarse en noviembre en el suroeste y centro del Caribe, culminando en los primeros días de diciembre con el desarrollo de la tormenta tropical Odette.

La ausencia de los huracanes en el Caribe de procedencia atlántica se debió fundamentalmente a la debilidad de las corrientes del este presentadas en septiembre en los niveles medios de la troposfera en el Atlántico Tropical Central, que no permitieron el avance hacia el área de los intensos huracanes Fabián e Isabel.

Las condiciones antes expuestas para el Caribe repercutieron en el pronóstico para Cuba, el cual no se cumplió. Los valores de probabilidad obtenidos fueron del 75% para el cruce de al menos un ciclón tropical por el país, mientras que la de afectación por un huracán era del 70%. En este caso se hizo énfasis en el pronóstico de huracanes, ya que la frecuencia de afectación se ha recuperado en los últimos años. La probabilidad del 70% es alta si se compara con la climatológica del 37% y esto era de dudar, si se consideraba que Cuba había sido afectada en los dos años anteriores. Una revisión a la cronología mostró que en el siglo XIX en cinco ocasiones este país sufrió los embates de huracanes durante tres o cuatro años consecutivos (1831 - 33, 1875 - 78, 1882 - 84, 1886 - 89 y 1894 - 97), disminuyendo a dos ocasiones en el siglo XX (1908 - 10 y 1944 - 46). Esto mostró, que si bien la afectación consecutiva no era un hecho muy común, ésta había ocurrido en varias oportunidades, por lo que se decidió no rebajar la probabilidad obtenida. Según el pronóstico del día de disipación de la última tormenta, el riesgo para el país debía extenderse hasta noviembre.

En agosto se emitió la actualización de la predicción estacional (Ballester et al, 2003c), donde se reafirmaban los criterios expresados en la emisión anterior, pero atendiendo a lo activa que se había presentado la temporada hasta julio, se tomó la decisión de cambiar algunos pronósticos. Para ello se revisó la climatología de los ciclones tropicales del área y se encontró que desde 1886 se habían presentado dos temporadas con cuatro ciclones tropicales hasta julio (1886 y 1997) y cinco temporadas con cinco organismos (1933, 1936, 1959, 1966 y 1995). Como promedio en esas siete temporadas se desarrollaron 13.6 ciclones tropicales y 7.6 huracanes, de aquí la conclusión de incrementar a 13 el número de ciclones tropicales (incluyendo a la tormenta tropical Ana, formada en abril) y a 8 la cantidad de huracanes. Las probabilidades se trabajaron de las formas antes expuestas, y se compararon entonces con las climatológicas para el período agosto - noviembre.

Se tuvo en cuenta además, el hecho de que la temperatura del mar en el Caribe era muy alta, lo que favorecería al incremento de la actividad ciclónica en los meses restantes de la temporada.

En la Tabla 2 se refleja el comportamiento de los pronósticos emitidos el 1ero de agosto. Aquí se puede apreciar que fue acertada la decisión de elevar las cifras pronosticadas, clasificándose entonces a la temporada como activa. En este caso quedaron sobrestimadas las variables H y At. La predicción del final de la temporada se mantuvo igual.

Tabla 2. Comportamiento de los pronósticos de la actividad ciclónica para 2003 en el Atlántico Norte emitidos el 1ero de agosto.

Variables

P

R

DP

DR

CT

13

16

0.9

1.8

H

8

7

0.9

0.5

PDH(104KT2)

84

131

0.5

1.5

At

9

8

0.9

0.5

Car

2

3

0.7

1.5

GM

2

5

0

2.1

Fin *

305

345

0

1.7

* Se expresa en días julianos.

El pronóstico probabilístico de afectación de huracanes al Caribe se mantuvo elevado, con el 67% para el origen e intensificación y el 57% para los de procedencia atlántica. Ambas cifras sobrepasaban a las climatológicas que son del 38% y 45%, respectivamente.

En la actualización del pronóstico para Cuba se evaluó una nueva función discriminante (Ballester et al, 2003) y se confirmó la alta probabilidad de afectación por un huracán. En este caso, se incluía además como condición favorable los elevados valores del geopotencial presentados en los niveles medios de la troposfera durante el mes de junio en el Atlántico Central Tropical (5891 m). De esta forma se obtuvo la probabilidad del 70%, la cual superaba a la frecuencia climática normal (38%) de afectación a nuestro país.

En resumen, la temporada ciclónica del 2003 se puede clasificar de activa, si se tiene en cuenta que se desarrollaron 16 tormentas tropicales y que el potencial destructivo de los huracanes superó con creces a los valores medios. Se debe señalar que para el Golfo de México la temporada resultó ser muy activa.

En la distribución mensual de los ciclones tropicales, se destacó el mes de septiembre, período en que se originaron cuatro tormentas, de las cuales tres llegaron a la intensidad de huracán. Además, en los primeros días de septiembre transcurrió parte de la vida de un huracán intenso (Fabián). En esta temporada fue significativo el hecho de la formación de tres tormentas tropicales extemporáneas, lo cual iguala al año 1887. En el resto de los meses de la temporada se superaron los valores históricos, con la excepción de noviembre, en que no se presentó organismo tropical alguno. De esta forma, en junio se desarrolló una tormenta tropical, en julio dos huracanes, en agosto dos huracanes y una tormenta y en octubre tres, cuando también pasó parte de la vida de otro huracán intenso (Kate).

Los principales factores que favorecieron a la actividad ciclónica en la cuenca atlántica fueron las condiciones neutras de la temperatura superficial del Pacífico Ecuatorial Oriental, que presentó una anomalía media de 0.3ºC durante la temporada. Estas condiciones permitieron que en la troposfera superior de la franja tropical del Atlántico Norte predominara un ambiente anticiclónico favorable para el desarrollo y la intensificación de los sistemas tropicales. Las aguas del Atlántico tropical estuvieron cálidas para una anomalía media en la temporada de 0.5ºC en el área comprendida entre los 5º – 20ºN y los 30º – 60ºW, parte de la cual se incluye en la “región principal de desarrollo”, lo que también resultó ser un factor favorable. En el área del Caribe comprendida entre los 10º - 22ºN y los 60º - 87º W la temperatura superficial del mar se mantuvo muy alta con una anomalía promedio de 0.9ºC. En los meses de septiembre y octubre las anomalías superaron el doble de la desviación estándar (en 2.4 y 2.6 veces, respectivamente). En octubre, mes históricamente más activo en esa área, no se originó huracán alguno debido fundamentalmente a las condiciones de estabilidad atmosférica predominantes. La circulación estratosférica ecuatorial resultó ser un factor desfavorable, al predominar la fase Este de la Oscilación Cuasi Bienal.

Agradecimientos.

Se agradece la colaboración de la colega Milagros Sarmiento para la confección de este trabajo.

Referencias.

Ballester, M., C. González, R. Pérez y M. Sarmiento (2003a): Modelo estadístico para el pronóstico de la actividad ciclónica en el Océano Atlántico, el Golfo de México, el Mar Caribe y Cuba. Informe Final de Resultado. Biblioteca INSMET. 44 pp.

Ballester, M., C. González, R. Pérez y M. Sarmiento (2003b): Pronóstico de la actividad ciclónica en el Atlántico Norte para el 2003. INSMET. 1p.

Ballester, M., C. González, R. Pérez y M. Sarmiento (2003c): Pronóstico de la actividad ciclónica en el Atlántico Norte para el 2003. (Actualización). INSMET. 1p.

Gray, W.M. (1988): Summary of 1988 Atlantic Tropical Cyclone Activity and verification of author´s Seasonal Forecast. Preprint. Dep. of At. Sc. Colorado State University. 49 pp.


Autoria del Boletin: Alejandro Bezanilla
Copyright © 2001 Sociedad de Metoerología de Cuba
Última modificación: abril 15, 2005

Home Page Institute of Meteorology
Acerca de este Boletin
contactenos
Sociedad Meteorológica de Cuba
ArtículoPortadaPortada